El Príncipe de Maquiavelo en español: José Sánchez Rojas (1924)

«Los hombres olvidan antes la muerte de su padre que la pérdida de su patrimonio»
— Maquiavelo (El Príncipe, traducción de Sánchez Rojas, 1924, p. 45)

Sobre la traducción

La edición castellana de El Príncipe traducida por José Sánchez Rojas (1885-1931) —intelectual de la Generación del 14 y colaborador de ABC y El Sol— se publicó en 1924 por la Biblioteca Nueva (Madrid). Sánchez Rojas optó por un lenguaje sobrio que respeta la crudeza original del texto florentino, evitando edulcorar su contenido político (Cervantes Virtual, 2023).

El libro en dos líneas

El Príncipe (1513) es un tratado de realismo político donde Maquiavelo analiza el poder: cómo se obtiene, se mantiene y se pierde. Su pragmatismo, sintetizado en frases como «el fin justifica los medios», lo convirtió en un texto fundacional de la ciencia política moderna.


Citas destacadas

«Y no quiero tampoco que se repute soberbia en hombre de tan humilde condición como la mía la osadía de dar reglas y de dictar normas de conducta a los príncipes que rigen los Estados» (p. 8).

«Y si Vuestra Magnificencia, desde la altura en que se halla, desciende alguna vez su mirada hacia la humildad de mi persona, verá cuán míseramente sufro el grande y constante rigor de la mala ventura» (p. 8).

«Y se adquieren con las armas ajenas, con las propias, por acaecimientos de fortuna o simplemente por valor y genio» (p. 9).

«creyendo mejorar los hombres cambian de señor, creencia que les hace empuñar las armas contra el gobernante, lo cual es un notorio engaño, porque la experiencia les dice luego que han empeorado su suerte» (p.11)

«de ser amigos los que le dieron el señorío, porque no les es posible alcanzar las esperanzas que pusieron en él y porque el príncipe, aun estándoles reconocido, tiene que emplear contra ellos medidas de violencia» (p. 11).

«El que quiera y desee conservar esta clase de Estados necesita que se extinga la familia del antiguo príncipe y que no se alteren las leyes ni los tributos, para que los nuevos Estados, anexionados al antiguo, formen con éste una sola nación en breve espacio de tiempo.» (p. 13).

«el conquistador traslade su residencia a la tierra conquistada.» (p. 14).

«Poco daño podrán hacer los desposeídos, porque se encontrarán dispersos y perjudicados, y los demás, por temor a ser expoliados como los otros, ya harán bastante con callar y con pasar de largo para no llamar la atención.» (p. 15).

«Debe ser norma de conducta la máxima de ganar a los hombres, o de anularles para que no nos causen daño, porque se vengan de las pequeñas ofensas, pero no pueden hacer lo mismo con las grandes» (p. 15).

«el agravio que se les haga debe ser de aquellos que no puedan vengar.» (p. 11).

«al principio es fácil de curar y difícil de conocer, y que, una vez conocida y no curada, cualquiera puede conocerla, pero ninguno remediarla.» (p. 17).

«Previsores los romanos, supieron conjurarlos antes de que aumentaran, aun afrontando guerras, pues sabían que las guerras no se evitan aplazándolas y que el aplazamiento aprovecha siempre al enemigo.» (p. 17).

«no se debe permitir la continuación de un desorden para evitar una guerra, porque no se evita, sino que se dilata en detrimento del que la evita» (p. 21).

«quien ayuda a otro a engrandecerse trabaja en daño propio, porque el apoyo se presta o con la habilidad o con la fuerza, medios ambos que infunden graves sospechas al que llega a ser fuerte y poderoso» (p. 22).

«ni la libertad ni el régimen liberal se escapan de la memoria, de tal suerte que serán siempre la eterna aspiración.» (p. 27).

«porque los hombres marchan por sendas que otros hombres abrieron e imitan a éstos casi siempre en su conducta» (p. 28).

«Téngase en cuenta que siempre han vencido los profetas armados y que siempre han fracasado los profetas inermes.» (p. 31).

«Quienes pueden emplear tales medios tropezarán, indudablemente, en cada traspiés, con grandes dificultades y con peligros invencibles; pero cuando los superen y comiencen a hacerse respetar, luego de deshacerse de la casta de los envidiosos, serán poderosos, seguros, honrados y felices.» (p. 32).

«quien no afirma previamente los fundamentos de su autoridad, podrá afirmarlos luego si tiene gran ingenio para lograrlo, pero no sin trabajo para el arquitecto y sin peligro para la finca.» (p. 34).

«Porque se engaña el que suponga que, entre altos personajes, los favores recientes hacen olvidar los disfavores pasados.» (p. 43).

«No es que llame yo virtud al asesinato de los conciudadanos, a la traición de los amigos, ni a la carencia de la piedad, de la buena fe y de la religión, condiciones con las que puede conquistarse la soberanía, pero de ningún modo lograr la gloria» (p. 45).

«del primer género de maldad pueden esperar que Dios y los hombres les perdonen» (p. 48).

«Así es que el usurpador de un Estado ha de procurar hacer todas las maldades de una sola vez para que no se halle en sazón de repetirlas» (p. 49).

«El que, tímidamente, o por estar mal aconsejado, obre de otro modo, necesitará vivir continuamente con el cuchillo en la diestra» (p. 49).

«Háganse de una vez todas las ofensas, que no hieren demasiado si no tornan a repetirse.» (p. 49).

«más si el cambio consiste en obrar bien, no aprovecha, porque juzgando las gentes que tal cambio es impuesto, no saben, en rigor, agradecerlo.» (p. 49).

«ya que los propósitos del pueblo son más honrados que los de la nobleza, por que la nobleza encamina sus pasos a establecer la tiranía, y la finalidad del pueblo es extirparla donde la encuentra.» (p. 51).

«Los amigos, si no son ladrones, deben ser respetados y protegidos. Pero a los adversarios hay que dividirlos en dos grupos. Si son adversarios por timidez y flaqueza de carácter, sírvete de ellos, sobre todo si son buenos consejeros, porque te honrarán en la prosperidad y en la adversidad no sabrán ser temibles. Pero si no son adictos por ambición y por cálculo, indicio de que piensan en ellos más que en
ti, guárdate, príncipe, de ellos, y tenlos por enemigos declarados, porque en tus horas de malandanza contribuirán eficazmente a tu ruina.»
(p. 52).

«Y así como los hombres son más agradecidos al que le dispensa bienes cuando de él no los esperaba, así el pueblo es más fiel al príncipe que lo proteja aunque no haya sido él quien le haya elevado al principado» (p. 52).

«el príncipe qixe tenga bien abastecida la capitalidad de sus dominios y se conduzca bien con los demás príncipes y con sus propios vasallos, ya he dicho y volveré a repetir que siempre será atacado con grandes precauciones, porque los hombres no se arriesgan en empresas que de antemano se les antojan peligrosas» (p. 55).

«Peligro que no debe preocupar al príncipe, porque los daños hechos no tienen remedio y así lo comprenderán los ciudadanos cuando llegue la hora de la reflexión» (p. 57).

«expuestos los medios más importantes que algunos príncipes han puesto en juego para elevarse a ellos, ya debo disertar aquí, en trazos generales, acerca de los casos de defensa y de ofensa que pueden ocurrir en esos principados.» (p. 61).

«El príncipe que no conoce los males mas que cuando son incurables no merece el nombre de sabio. Pocos alcanzan tal sabiduría.» (p. 71).

«Y los príncipes han de consagrarse a la caza para que el cuerpo se habitúe a los trabajos, además de conocer la conformación de los terrenos, cómo se forman los valles y las montañas, cómo se extienden los llanos y de dónde nacen los pantanos y los ríos, poniendo el mayor interés en ese estudio» (p. 74).

«Si tal pericia no acompaña al príncipe, le falta una de las condiciones necesarias para ser un buen
general, porque esa condición le sirve para conocer al adversario, para buscar alojamientos a sus tropas, para guiarlas y conducirlas, para preparar las batallas, para guerrear, en fin, ventajosamente»
(p. 74).

«en la paz pensaba constantemente en el arte de la guerra, y cuando iba de excursión con sus amigos no se recataba en preguntarles: —Si el enemigo ocupase aquellas colinas y nosotros nos encontrásemos aquí con nuestras tropas, ¿de quién sería la ventaja?» (p. 75).

«Tal debe ser la conducta de todo príncipe prudente, que no debe estar ocioso en épocas de paz,
sino que debe utilizarla para lograr los conocimientos que necesita por si la adversidad le encuentra en el camino y se dispone a flagelarle con sus golpes»
(p. 76).

«Prefiero decir la verdad como es a como nos imaginamos que es.» (p. 76).

«el príncipe debe ser bueno o malo, según le aconsejen las circunstancias» (p. 77).

«si bien se mira, habrá cualidades malas que parecerán virtudes y que produzcan su ruina si las pone en ejecución, y habrá, en cambio, cualidades buenas que parecerán defectos, y que, fomentándolas y estimulándolas, es posible que le llenen de seguridades y bienandanzas.» (p. 78).

«No se preocupe demasiado el príncipe si le llaman tacaño, aunque lo sea, para no verse en el trance de tener que robar a sus vasallos, para que pueda defenderse, para que no caiga en la pobreza y en el desprecio ajeno y para no tener que convertirse en rapaz, porque el vicio de la avaricia podrá servirle para mantenerle en el poder.» (p. 79).

«Gozaba fama de cruel César Borgia, pero su crueldad dió paz, unidad y buen gobierno a la Romaña,» (p. 81).

«Res dura, et regni novitas me talia cogunt Moltri, et late fines custodi tueri (1).» (p. 82).

«ni la excesiva confianza mate el recelo ni la suspicacia consiga hacerle odioso.» (p. 82).

«el afecto que se compra y no se alcanza por nobleza de ánimo deja de existir cuando los contratiempos de la vida le ponen a prueba.» (p. 83).

«Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen, porque la amistad, como es lazo moral, se rompe muchas veces por los malvados, que se curan más de sus intereses. En cambio, el temor hace que piense en un castigo que trate naturalmente de esquivar.» (p. 83).

«los hombres podrán olvidar la muerte del padre, pero no la pérdida del patrimonio» (p. 83).

«Hay que ser zorra para conocer las trampas y león para hacer escapar a los lobos» (p. 86).

«Cuando le perjudique, el príncipe debe faltar a su promesa. Debe también faltar a ella cuando
desaparecieren los motivos que le obligaron a prometer.»
(p. 86).

«hay que disfrazar bien las cosas y ser maestro en disimulo, porque el hombre es tan cándido y depende tanto de las circunstancias, que siempre habrá un engañado para un engañador.» (p. 87).

«Le será muy útil que parezca piadoso, fiel, humano, íntegro y religioso, y hasta le será muy útil que lo sea, siempre que esté resuelto a ser lo contrario de lo que parece cuando haga falta.» (p. 87).

«y mientras pueda ser bueno, no debe dejar de serlo, cosa que no reza para cuando tenga que dejar de serlo por suprema necesidad.» (p. 88).

«los hombres juzgan antes por los ojos que por los demás sentidos, de modo que pudiendo mirar todos, pocos son los que saben ver lo que miran» (p. 88).

«habla a todas horas de paz y de lealtad y no conoce ni de nombre ambas cosas. De haber sido pacífico y leal, hace tiempo que hubiera perdido su reputación y sus Estados» (p. 88).

«Los pueblos aman la tranquilidad y la modestia en los príncipes, mientras que la soldadesca desea príncipes belicosos, insolentes, crueles y ladrones,» (p. 93).

«los príncipes no pueden conseguir que algunos dejen de odiarles, deben procurar que sean los menos y los que no cuenten con la fuerza de las armas.» (p. 94).

«el odio se adquiere lo mismo obrando bien que obrando mal» (p. 95).

«ningún príncipe puede evitar que le asesinen a mano airada, porque le matará el que esté verdaderamente dispuesto a matarle» (p. 98).

«la causa de la ruina de los emperadores que he citado fué el odio y el desprecio, y comprenderá que, aunque su conducta no fué la misma, para unos fué beneficioso lo que fué nocivo para otros.» (p. 100).

«los procuró armas si los halló desarmados» (p. 102).

«Aumenta la fama de los príncipes cuando saben vencer todos los obstáculos que les salen al paso» (p.104).

«un príncipe prudente se procura enemigos para aumentar con ellos su grandeza y su poderío, aumenta en crédito ante la historia» (p. 104).

«porque ninguna fortaleza te salvará si te odian tus vasallos» (p. 106).

«Un príncipe merece aprecio cuando es o excelente amigo o adversario leal, es decir, cuando no tiene reparo alguno en mostrarse favorable o adverso a los planes de otro» (p. 108).

«El que vence no quiere tener amigos sospechosos, de esos que no le amparan en los momentos críticos, y el que pierde no hará caso de tu amistad, cuando pudiste auxiliarle en sus momentos de lucha» (p. 108).

«Lo que mejor demuestra el juicio y el entendimiento del príncipe es advertir de qué clase de gentes se rodea» (p. 111).

«Cuando comprendas que nadie te ofende diciéndote la verdad huirás de las adulaciones.» (p. 113).

«El príncipe debe aconsejarse siempre, pero cuando él quiera consejo y no cuando lo quieran los demás.» (p. 114).

«príncipes que son prudentes no porque lo sean, sino porque le rodean buenos consejeros.» (p. 114).

«los hombres son malos si la necesidad no les obliga a ser buenos.» (p. 115).

«los hombres no se curan de la tempestad durante la calma—, al llegar las adversidades, huyeron en lugar de defenderse,» (p. 117).

«No nos dejemos caer en la esperanza de que otros nos ayudarán a levantamos, lo cual no sucede siempre, y si sucede, es expuesto para el caído, porque no sabe defenderse muy honrosamente. La mejor defensa, la más segura y duradera es la que depende de tu persona y de tu valor» (p. 117).

«me atrevo a aventurar el juicio de que si de la fortuna depende la mitad de nuestros actos, los
hombres dirigimos cuando menos la otra mitad»
(p. 118).

«Yo creo que prospera todo el que se acomoda a la condición de los tiempos y que no puede prosperar el que sigue el opuesto sistema.» (p. 118).

«dos que obran de distinto modo logran igual fin, y que de otros dos, que hacen lo mismo, uno logra su fin y otro no lo logra» (p. 119).

«Vale más ser precavido que circunspecto, porque la fortuna es mujer, de modo que para dominarla
hay que tratarla sin miramientos, demostrando la experiencia que sale vencedor de ella el que la fuerza y no el que la respeta. Como mujer, es siempre amiga de la juventud, porque los jóvenes son con ella poco considerados y muy audaces y vehementes»
(p. 121).



Referencia APA 7ª ed.